|
A MI PADRE, UN GRAN SEMBRADOR.
Han pasado 5 años ya de su partida, pero su pisada, su huella es cada vez más fuerte. Han pasado por nuestra mente, corazón y acción muchos sueños y deseos que hoy son una realidad y que hace mucho, mucho tiempo, eran conversación de grandes amigos, amigos entrañables que compartían risas, canciones, suculentos platillos y muchos anhelos por alcanzar el éxito.
Yo vi a mi padre luchar, luchar mucho por salir adelante en la vida, y lo que no me tocó ver me lo ha platicado siempre mi familia, nuestros amigos, nuestros clientes, y desde hace mucho mis abuelos, en las brillantes cartas que encontramos a su fallecimiento y que no hacen otra cosa más que plasmar el origen de todo ese entusiasmo por la vida, por servir, por enseñar, por trascender, que mi padre aprendió de ellos.
Hace tiempo, cuando falleció mi tío y padrino Jesús, hermano de mi papá, le obsequié a mis primas -que quiero como hermanas y a las que quería consolar de todas las formas posibles- una carta que hoy que la recuerdo, me ayudó a expresar gran parte de lo que hoy quiero siento por la partida de papá. No pasaba por mi mente entonces que este documento me daría consuelo y expresaría lo que hoy quiero compartir. Este hermoso documento es de Ana María Rabatté, una gran escritora e inspiradora, que me acompañó en la adolescencia, y llegó para quedarse en mí. Ya la había dejado un poco abandonada, pero hoy mi mamá, que siempre comparte conmigo estos momentos de reflexión, recordó junto conmigo este bello pasaje, CARTA FUERA DE TIEMPO.
Papi: Estas letras no fueron escritas a tiempo. No quiero disculparme diciendo que era chica, o que era inmadura. Simplemente no me di el tiempo para decirte lo que hoy con estas letras quiero expresar. No te pude decir muchas veces, cuanto eras en mi vida, cuánto bien me dejaste, de la herencia tan bella e inagotable que me has dejado. ¿Sabes papá? Tu estas con Dios y se que desde allá, disfrutas de ver cuánto me has dado, y cuanto hemos hecho con lo que nos enseñaste, y que estas tan feliz como yo acá. Desde que partiste no he perdido de mi mente ni de mi corazón tu peculiar modo de ser, tu voz inconfundible, tu silbido, tus frases, tu entusiasmo, tu coraje, tus guayaberas, tus lentes, tu orden, tu amor por los coches y los libros, tu pasión por la música, tu ambición positiva, tu empuje por mejorar y hacer mejorar a los demás, tu entrega al enseñar. Fuiste exigente conmigo, pero eso me ha llevado lejos. Me diste siempre lo que estaba a tu alcance y hacías hasta lo imposible por obtener lo que faltaba. Sé que pasaste tu vida sembrando el bien, y a nosotros tus hijos, nos ha tocado recoger cosas grandes y maravillosas. Fue duro dejarte la última vez, pero siempre estás cerca de mí a través de las personas, a través del apellido con el que todos me recuerdan que te conocieron y que tienen algo que contar por lo vivido junto a ti. Gracias a eso, nunca te he sentido del todo lejos, porque la gente se encarga de recordarme a cada paso tus acciones, tus detalles, tus puntadas, tu sabio pensar.
He valorado todas las cosas que aportaste en mi vida. Me faltó valor para decírtelo, pero sé que ahora, desde donde estás, me ves y compartes conmigo los logros que alcanzo. Te agradezco tanto el bien que dejaste sembrado. Siempre pensé que tú podrías haber sido muchas cosas: boticario, ferretero, sacerdote, mecánico, bibliotecario, guía de turistas, político o historiador. Pero nunca me imagine que como tu abuelo pretendió una vez, al ponerte a sembrar con tus primos, fueras tan buen agricultor. Has dejado sembrado tanto en tanta gente, que me has ayudado a decidir el buscar esa misión, a entender que ese es el verdadero sentido de la vida: SERVIR. Como Melecio bien recuerda y comparte con todos, nosotros sembramos, pero de nada sirve si la tierra no es fértil, si no se cultiva con amor y dedicación, si nada de esto pasa no veremos frutos. Y tu supiste preparar la tierra, con tus amenas charlas, tus cachiruleadas, con las frases de la abuela, en una palabra, con tu ser, y el tan tacatan tacatan tantan. Como no te dije a tiempo nada de esto, por eso quiero decírtelo ahora, y compartirlo con los demás, con la esperanza de que alguna hija pueda hacer feliz a su padre en vida, con su amor, ya que yo no tuve el tiempo ni la capacidad de hacerlo.
¿Te das cuenta de la herencia que me has dejado? No se me va a acabar nunca. Si me hubieras dejado millones, hubieras tenido mucho pendiente de cómo los administraba o si me pasaba algo por ellos. Tú me has dejado algo mucho más valioso que nunca terminaré de gastar, porque a cada paso encuentro puertas que se me abren, labios que me sonríen, corazones que me aman, por ti, por lo que tú hiciste, por lo que tu sembraste. Recuerdo con gran emoción algunas cosas de mi niñez, como saludarnos con un tope borrego, despedirnos para ir a dormir completando tu frase QUE SUEÑES CON LOS …, también cuando nos apretabas la cabeza después de un susto, o la pasión y dedicación con la que resolvías nuestra dudas escolares, sin olvidar los orígenes históricos de todas las cosas, ya fueran griegos o latinos, y que aunque te pedíamos nos dibujaras un dinosaurio, no faltaban al fondo los volcanes de Colima, la que desde niña supe que era la tierra de Dios y María Santísima, tierra que ahora nos acoge felices, y en donde bien nos supiste dejar, para echar nuestras propias raíces y de aquí levantar el vuelo.
He hecho el gran propósito de ser como tú, de no heredar dinero que solo despierta envidias y celos, sino sembrar, así sin hacer ruido, o a veces con uno que otro grito mayéutico, pero que los que vienen atrás de mi puedan recoger en cada día algo de lo que yo haya sembrado para su felicidad. Tu herencia ha sido formidable, no paga impuestos, no pongo nervioso a nadie para protegerla, y sin embargo va en aumento, te debes sentir muy feliz.
Ahora pienso en tantas cosas que te tocaba vivir a cada momento que enseñabas, tantas cosas que no contabas, que a momentos pasaban inadvertidas para nosotros, tu familia, y que en otros, unidos ante una mesa, nos intentabas explicar, como si estuvieras en un laboratorio en donde te apasionaba ver nuestra reacción, o la de la gente que en los negocios, en los bancos, en todas partes dónde estabas, siempre corregías, por su bien, porque les convenía, aunque difícilmente lo entendieran. Siempre nos diste muestras de la intensidad que te caracterizaba, en todo lo que hacías, ahora entiendo que todas las personas que un dia se acercaron a ti, se alejaban no solo con una duda resuelta, sino con muchas más por descubrir y aplicar gracias a la cuerda y el pabilo que encontraban en su vida, claro, además de con un chiste novedoso y lo que a la mano tuvieras para obsequiarles, que casi siempre fue un libro.
Gracias papá por la generosidad derramada como semillero, que está brotando en cada momento, gracias por darme la idea de cómo hacer una vida fecunda para el presente y el futuro. Trabajo por lograr sembrar en cada acto de mi día, con cariño, que se perciba en mi saludo, en mi sonrisa, en todo lo que soy, que soy feliz, papá porque tengo la alegría de vivir, he aprendido a perdonar mis debilidades y a olvidar mis ratos tristes.
Quiero decirte que te quiero mucho, no que te quise, porque no puedo hablar en pasado, te amo ahora a través de la gente, trato de imitarte en tu generosidad e inteligencia. Sé por la fe que junto con mi mamá nos inculcaste, que algún día pronto nos veremos. Mientras tanto, avanzo construyendo día con día el poder aterrizar mis sueños, como tú me enseñaste, sabiendo que así todo me sale bien. Que aunque soy humana, eso no es un pretexto para hacer las cosas bien. Trataré papá de avanzar cada día haciendo las cosas una a una, sin llenarme las manos y cometer errores por no poder con todas.
Humildemente te pide tu bendición, tu hija que no te escribió a tiempo.
Que Papa Dios te cuide y la Virgen te cuide.
Los invito a ver dos videos de mi papá con fragmentos de sus exposiciones, en nuestra SECCION DE VIDEOS.
Ana Cristina Ballesteros.
Colima a 05 de Junio de 2009
|